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El Hombre Misterioso

Autor: Ashtaroth
Ranking en Amazon: #0 (ayer: #0)
Páginas: 46

Descripción:
Ariadna estaba tumbada en el sofá, pensando como siempre que no había nada que ver nada en la tele y cuando estaba a punto de apagarla e irse a acostar, oyó ese ruido, no podía ser nada, estaba sola y la casa cerrada, aun así apagó y se dirigió al pasillo, ¡nada!, la curiosidad le provocaba mas que el hecho de solo llevar puestas sus braguitas blancas favoritas, entró en su habitación, de donde parecía haber venido el ruido, nada, todo estaba como siempre, justo cuando se iba a decir a si misma que era absurdo todo aquello, le sintió, ahí estaba justo detrás suyo, antes de que pudiera reaccionar la tapó la boca y la sujeto con sus fuertes manos y solo un susurro,-tranquila, soy yo- Ella no reconoció su voz pero por alguna extraña razón aquella frase la tranquilizó, él la vendó los ojos, y le preguntó de nuevo en un susurro-¿esta muy apretado, princesa?- ella negó con la cabeza, mientras se preguntaba porque le obedecía y no echaba a correr y sobretodo, porque todo aquello estaba empezando a excitarla.
La cogió en brazos y suavemente la tendió sobre la cama, y comenzó a acariciarla, primero por las piernas hasta la cintura, los hombros y los brazos, para después marcar su silueta desde las caderas, por la cintura hasta sus costados rozando solo ligeramente el contorno de sus pechos, luego empezó con los besos, el primero, en la boca, largo y húmedo al que ella respondió sin saber muy bien porque. Después fue bajando, desde su cuello, entre sus pechos, su vientre en el que se detuvo y recreó con su ombligo y llegó al borde de sus braguitas, lamió todo el borde sin moverlas un ápice y empezó a subir de nuevo haciendo círculos con la lengua, rodeó su seno izquierdo con ella y siguió hasta llegar de nuevo a su boca para besarla otra vez, a la vez que sus manos tomaban por asalto sus pechos, acariciándolos, estrujándolos, pellizcándole los pezones que, para aquel momento, ya estaban duros y pidiendo una lengua que jugase con ellos, cosa que no tardó en suceder, su lengua empezó a juguetear con su pezón izquierdo, rodeándolo, con pequeños golpecitos y luego llegaron los mordisquitos, suaves pero excitantes, sus manos no se estaban quietas, no paraban de recorrer su piel de arriba abajo pero respetando sus braguitas. Tras jugar un rato con sus pechos, de nuevo bajó besito tras besito hasta su ombligo y más abajo hasta el borde de sus braguitas, donde se detuvo y preguntó:

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